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Elogio a la despreocupación responsable - Parte I

Elogio a la despreocupación responsable - Parte I

En el mundo de la competitividad y en la búsqueda del éxito en las cosas externas, observo con atención que en las organizaciones ronda el síndrome de la inmediatez, el acelere y el estrés. La gente quiere todo para ya. Esa es la consigna. Poco se invoca a la paciencia sana.

Dicho “inmediatismo”, en ocasiones se presenta con visos de irresponsabilidad e inmadurez por parte de algunos ejecutivos que piensan que pidiendo un montón de tareas en un instante a sus colaboradores, las cosas se harán más rápido.

A veces, a la gente se le olvida que trabaja con seres humanos, y recalco en esta palabra: seres humanos, no “robots”. Así que es hora de parar y hacer una reflexión profunda sobre la necesidad de elogiar a la despreocupación responsable.

Se ha vuelto cotidiano que en el lugar de trabajo se acuda al estrés y al acelere: hay que vivir montando en la rueda del hámster y el que no esté en esa onda, parece “bicho raro”

Se ha vuelto cotidiano que en el lugar de trabajo se acuda al estrés y al acelere: hay que vivir montando en la rueda del hámster y el que no esté en esa onda, parece “bicho raro”… ¡Vaya creencia más absurda!

Pensaba que era la única que lo observaba, sin embargo el otro día leyendo a mi amigo Walter Riso, me emocioné, al descubrir que él estaba de acuerdo conmigo, en otras palabras, coincide mucho conmigo en las cosas que pienso sobre la vida. Así que en esta ocasión quiero hablarles de este tema inspirada en los escritos de este famoso psicológico cognitivo.

“Nuestra sociedad tiene sentimientos encontrados con la gente despreocupada: En algunos genera envidia la tranquilidad que tanto añoramos y que no tenemos; en otros, indignación, debido a que se asocia despreocupación con irresponsabilidad, y no falta quien se angustie ante esta calma.

"En el entorno de competitividad y acelere, una persona que derroche imperturbabilidad y mucho relax, es posible que nos ponga los pelos de punta; como un automóvil que va a contramano y el conductor saluda sonriente a los que vienen en sentido contrario.

“En todo caso, y para que te prepares si tu mente suele navegar en el reposo, la evaluación negativa de tu entorno no tardará en llegar. Tu “pachorra (pereza) existencial”, así tenga visos de sabiduría, será considerada probablemente como apatía, falta de juicio, frialdad, desinterés o desmotivación crónica: serás moralmente criticado por los hiperactivos de turno”, dijo Riso.

Lo cierto es que falta conciencia para lograr una despreocupación responsable e inteligente y desconectarse del acelere.

El pensamiento, no siempre consciente, de los detractores es más o menos así: “Si todos vamos a cien por hora, ¿de dónde sale ese bicho raro con pinta de vago que funciona a media máquina? Los obsesivos-compulsivos, al igual que los individuos de estilo de personalidad controladora (que quieren dominar a los demás y que nada se salga de su órbita), querrán lincharte aunque digas otra cosa.
Lo cierto es que falta conciencia para lograr una despreocupación responsable e inteligente y desconectarse del acelere.

A mi modo de ver, eso genera cansancio, frustración, drama; y a la hora de actuar, el acelere no ayuda mucho. Lo que sí nos apoya es la tranquilidad, la madurez y la sabiduría para responder en cada momento de la vida, por los retos que se nos presenten.

La gente que va de prisa, no será más brillante que los que invocan la despreocupación responsable, como lo explica, en su libro Walter Riso: “Maravillosamente imperfecto, escandalosamente feliz”. Al leer sus líneas me he encontrado con ideas y pensamientos liberadores.

En el próximo artículo: se tratará que para aprender a manejar la angustia y el estrés, se requerirá ciertamente de tener un marco filosófico asertivo, al cual se pueda acudir y lograr mantenerse lo más centrado posible.

 

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